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Blog gastronómico de

José María
Suárez Gallego



“El descubrimiento
de un nuevo plato
hace más por la felicidad
de la Humanidad
que el descubrimiento
de una nueva estrella.”


Jean Anthelme
Brillat-Savarin
(Belley 1775- Saint Denis 1826)

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Sábado, 25 de agosto de 2007

La morcilla, gran señora, digna de veneración.





La morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!
¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!






UNA CENA o LA CENA JOCOSA

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa
y diréte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés
si te parece primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco, fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se traxo?
Mas ya..., de la del Castillo
diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más baxo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta le hallo
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, sus, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo tras añejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo.

Mas di, ¿no adoras y aprecias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener de especias!

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios:
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
no tiene que ver con el.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala
bien puedes bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles,
daca de la bota llena
seis tragos; hecha es la cena,
levántese los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana.






El autor de esta Cena –también conocida como la Cena Jocosa--, es Baltasar de Alcázar (o del Alcázar), nacido en Sevilla en 1530, en el seno de una familia acomodada de conversos: fue el sexto hijo del jurado Luis del Alcázar.

Sirvió como militar a las órdenes del marqués de Santa Cruz y de Álvaro de Bazán, aunque parece ser que previamente había estudiado Humanidades en León

Al retirarse del ejército, ejerció como alcaide de la villa de Molares, al servicio de Fernando Enríquez de Ribera, duque de Alcalá. Allí contrajo matrimonio, hacia 1565, o en 1569, según otras fuentes.

En 1583 volvió a Sevilla para ocupar el cargo de tesorero de la Casa de la Moneda y Veinticuatro, como administrador del conde de Gelves.

Murió en Ronda en 1606.

La llamada Cena Jocosa, donde se ensalza la morcilla, es su composición más conocida, compuesta en redondillas, combinaciones de cuatro versos octosílabos. En ella, en tono jocoso, relata y adjetiva los manjares que componen la cena (vino, ensalada, salpicón, morcillas, queso...). Aparte de la simpatía que emana del poema, no hay que desdeñar su valor costumbrista, pues pocas veces se ha narrado con tanto acierto un menú corriente en esa España del siglo XVI.



Por: José María Suárez Gallego © | A propósito de un plato | Comentarios (0) | Referencias (1)

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Wyqwot | 2008-01-31 21:30:03
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